b06b.htm Diálogo Iberoamericano 2

PROYECTO INTERNACIONAL DE EDUCACIÓN AMBIENTAL

Un marco internacional marcado por un sistema que produce profundas desigualdades en el desarrollo de los pueblos y un acelerado proceso de destrucción del medio ambiente, exige la modificación de conductas de individuos y estados en aras a procesos de desarrollo sostenible. La educación debe constituirse en eje fundamental para la construcción de una sociedad más justa y próspera.

Daisy Pacheco. UNED Venezuela. / El hombre ha llevado a cabo, día a día, transformaciones tecnológicas importantes, sin promover un proceso de desarrollo sostenible igualitario, donde la participación de los diferentes componentes de un sistema, permitan la difusión de políticas que tenga que ver con su propio desarrollo.
La poca interrelación de la sociedad con su entorno y la existencia de problemas ambientales que destruyen los ecosistemas, han dado lugar a un deterioro progresivo, el cual es cada día más difícil de superar. No bastan los simples llamados a la conservación del ambiente, se requiere de un acercamiento más profundo, en donde se suscite un verdadero interés y se muestren las responsabilidades de cada individuo y las posibles soluciones efectivas.
Esto sólo podrá lograrse con el apoyo mutuo de todos lo sectores sociales, quienes deben integrarse e incorporarse a la ejecución de una acción conjunta organizada.

La posibilidad de una mejor calidad de vida para el individuo sólo depende de la manera en que éste interactúe con el ambiente y esté consciente que él forma parte del mismo.

Esta acción deberá orientarse hacia la implementación de actividades formativas que conduzcan a un mejor conocimiento de las formas de interacción entre la naturaleza y la sociedad, sus causas y consecuencias, con el propósito de lograr efectos concretos de cambio de comportamientos de la población hacia al ambiente y la conservación de la naturaleza. La posibilidad de una mejor calidad de vida para el individuo sólo depende de la manera en que éste interactúe con el ambiente y esté consciente que él forma parte del mismo. Es un proceso de cambio de mentalidad que implica un cambio de cultura, donde se combina la educación y el crecimiento interior del hombre.
Cada día se hace más evidente que el modelo tecno-económico que rige la dinámica de nuestra sociedad, con criterios de viabilidad económica que no incluye la consideración de la pertinencia ecológica, no nos conducirá jamás al desarrollo, la prosperidad, la bonanza social y la tan necesaria humanización del prójimo. Por el contrario, el impacto devastador de esta concepción es suficientemente visible pues la eco-depredación, con la perturbación irreversible de la biosfera y las secuelas extinciones, nos produce hoy una sensación de escándalo, porque la contaminación del aire, las aguas y los suelos, han adquirido un tono dramático, porque el hombre ha comenzado a ver amenazada su propia existencia, y porque los peligros de destrucción ya dejaron de ser, como parecía algunos años, una amenaza retórica.
Los esquemas seudodesarrollistas, medidos, entre otros factores, por sus efectos sobre el bienestar físico, mental y espiritual de los seres humanos, la distribución de la riqueza y la seguridad personal y jurídica, han dado lugar a una concepción de la naturaleza, la sociedad, el poder y el hombre, que no se corresponde con los valores de una ética ambiental y social auténtica y está lejos de preservar los bienes naturales que heredarán las futuras generaciones.

Cada día se hace más evidente que el modelo tecno-económico que rige la dinámica de nuestra sociedad no nos conducirá jamás al desarrollo, la prosperidad, la bonanza social y la tan necesaria humanización.

Estas realidades, nos obligan a abrir nuevos espacios para al análisis de la problemática ambiental en los distintos niveles de decisión del Estado, las corporaciones, los organismos internacionales, el mundo académico, las organizaciones de la sociedad civil y la opinión pública, para definir un cuerpo estructurado de opiniones respecto a una nueva concepción ambiental, que siga clarificando la compleja trama de las relaciones existentes entre educación, técnica, economía, desarrollo y naturaleza. De no ser así el debate, imprescindible y rotundo, que todos estamos viviendo en carne propia, correría el riesgo de convertirse en un elemental intercambio de opiniones profesionales sobre "el problema de la factibilidad", que, por supuesto, no pondría en juego los factores políticos socioeconómicos, culturales y ecológicos del modelo de desarrollo, ni tendrá un efecto predecible en el terreno de la toma de decisiones.
El deterioro del ambiente reinante hoy en día, que impide a los humanos disfrutar de la inmensa poesía que se esconde detrás de una puesta de sol, ennegrece el entorno de nuestros campos y pequeños pueblos y ha convertido en verdaderos infiernos a las grandes ciudades industriales, nos obliga a adoptar de inmediato acciones concretas que vayan más allá de la retórica y la burocracia y permitan que eventos de esta naturaleza generen una acción más orgánica, funcional y realmente comprendida.
La cooperación entre personas, instituciones y países, permitirá magnificar los recursos disponibles y evitar la duplicidad de esfuerzos sobre un problema de interés común. Solamente mediante una acción conjunta se podrá lograr un cambio de actitudes que revalorice el significado ético de la vida social.
Le corresponde a la educación ambiental formal y no formal, propiciar la formación de una cultura ecológica, que coadyuve a la construcción de una sociedad sostenible. Al respecto, la educación a distancia juega un papel importante, ya que por sus mismas características puede llegar hasta los lugares más recónditos de la geografía regional y mundial de difícil acceso para otro tipo de educación.

Como se demostró durante la I Conferencia Mundial de Educación Ambiental de Caracas es necesaria una transformación profunda y veloz de las costumbres del individuo.

Mediante este tipo de sistema se puede configurar un proceso que permita a los seres humanos desarrollar plenamente sus capacidades, adquiriendo consciencia, valores y actitudes, así como técnicas y comportamientos ecológicos y éticos que contribuyan a la superación de la pobreza.
Como se demostró durante la I Conferencia Mundial de Educación Ambiental realizada en Caracas (julio 1995), es necesaria una transformación profunda y veloz de las costumbres del individuo. Esto implica una previa modificación de las actitudes de cada miembro de la comunidad internacional, rescatando los valores y comportamientos mediante el desarrollo de un Proyecto Educativo Ambiental, donde la educación sea el eje fundamental para la construcción de una sociedad más justa y próspera.

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